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1.- La Palabra de Dios, gracia de comunión entre los cristianos (Prep.Sinodo) 2.- Carta a Organizadores y participantes en la 3ª AEE-SIBIU 3.- Carta al nuevo Patriarca de Rumania DANIEL 4.- Carta al Patriarca de Constantinopla BARTOLOMÉ 5.- Carta al Simposio inter-cristiano (Tesalónica) 6.- En la Semana de oración por la unidad 2008
OTROS DOCUMENTOS DE INTERES 2.- Spe salvi (30 Noviembre 2007)
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La Palabra de Dios, gracia de comunión entre los cristianos
(Del texto preparatorio del Sínodo de los Obispos)
28. Este aspecto ha de ser considerado como uno de los mayores objetivos de la pastoral de la Iglesia. Los dos aspectos esenciales que unen a todos los fieles en Cristo son, en efecto, la Palabra de Dios y el Bautismo. Es a partir de estos datos de hecho que el camino ecuménico tiene que continuar entre los desafíos que se le presentan en vista de aquella unidad plena que, solo en un retorno a las fuentes de la Palabra, interpretada a la luz de la Tradición eclesial, puede garantizar un encuentro total con Cristo y con los hermanos.[120] El discurso de despedida de Jesús en el cenáculo pone en fuerte resalto que esta unidad está en el dar conjuntamente testimonio de la Palabra del Padre ofrecida por el Señor (cf. Jn 17,8).
La escucha de la Palabra de Dios, por lo tanto, posee una dimensión ecuménica que ha de ser siempre custodiada. Se percibe con satisfacción cómo la Biblia es hoy el mayor punto de encuentro para la oración y el diálogo entre las Iglesias y las comunidades eclesiales. Recibiendo las indicaciones del Concilio Vaticano II se colabora para una difusión del Texto Sagrado con traducciones ecuménicas.[121] Después del Concilio, el Magisterio de la Iglesia ha dado notables contribuciones.[122] De su atenta lectura y de la confrontación con cada una de las situaciones se esperan claras indicaciones e impulsos en el camino hacia la unidad. Afirma el Santo Padre Benedicto XVI: «La escucha de la Palabra de Dios es lo primero en nuestro compromiso ecuménico. En efecto, no somos nosotros quienes hacemos u organizamos la unidad de la Iglesia. La Iglesia no se hace a sí misma y no vive de sí misma, sino de la palabra creadora que sale de la boca de Dios. Escuchar juntos la palabra de Dios; practicar la lectio divina de la Biblia, es decir, la lectura unida a la oración; dejarse sorprender por la novedad de la palabra de Dios, que nunca envejece y nunca se agota; superar nuestra sordera para escuchar las palabras que no coinciden con nuestros prejuicios y nuestras opiniones; escuchar y estudiar, en la comunión de los creyentes de todos los tiempos; todo esto constituye un camino que es preciso recorrer para alcanzar la unidad en la fe, como respuesta a la escucha de la Palabra».[123]