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MANIFIESTO DE LAS RELIGIONES POR LA PAZ Documento firmado por líderes religiosos del mundo (Barcelona 2001) |
En este siglo que acaba de comenzar, hombres y mujeres de religiones distintas,
provenientes de muchas partes del mundo, nos hemos reunido en Barcelona para
invocar a Dios el gran don de la paz. A orillas de este Mediterráneo que ha
conocido conflictos y cohabitación, se ha elevado una oración intensa para que
de muchas partes del mundo se aleje la guerra. En la conciencia de las
diferentes religiones resuena el eco de una convicción: Dios ama la paz y no
quiere la guerra, y quien invoca el nombre de Dios descubre que su nombre quiere
decir paz. Esta convicción y esta oración son una riqueza para el mundo.
Nos han alcanzado las demandas de los pueblos en guerra, de los pobres, de las
víctimas del odio. A los hombres de religión se han unido algunos testigos de la
búsqueda de lo humano. Sentimos que es común el desafío de hacer crecer un alma
pacífica en nuestro mundo globalizado. El alma permite descubrir los muchos
rostros del mundo.
La paz es el nombre de Dios y quien usa el nombre de Dios para odiar al hombre o
para usar la violencia abandona la religión pura. Ninguna razón ni ninguna
injusticia padecida justifican nunca la eliminación del otro.
Hemos vivido días de diálogo. Estamos convencidos de que el diálogo entre las
religiones y las culturas debe continuar en el siglo que se ha abierto. El
camino para superar los recelos y los conflictos es el diálogo, porque no sólo
no debilita la identidad de ninguno sino que permite redescubrir lo mejor de uno
mismo y del otro. Sí, nunca se pierde nada con el diálogo. El diálogo es la
medicina que ayuda a purificar la memoria de las injusticias padecidas y a soñar
un futuro para las jóvenes generaciones. En una sociedad en la que cada vez más
la gente distinta vive junta, es necesario aprender el arte del diálogo. Las
religiones están comprometidas en este camino, que se nutre de esperanza, de
sentido de misericordia y de disponibilidad.
No queremos dejar solos a los pueblos en una globalización sin rostro. No
queremos dejar solos a los pueblos víctimas de la guerra, madre de todas las
pobrezas. No queremos dejar sola a África mientras afronta la pobreza, la
enfermedad y la guerra. Sentimos que su destino es decisivo para Europa y el
mundo. No queremos dejar a nuestros hijos huérfanos de la esperanza en un medio
ambiente que se va degradando de manera irresponsable hacia el futuro.
En estos días, en Barcelona, ha crecido una comunidad de buscadores de paz que
procede de historias, tradiciones, religiones y lenguas diferentes. Es nuestra
riqueza y nuestra fuerza. Sólo tenemos la fuerza débil de la fe, de la oración y
de la amistad. La oración y la amistad purifican nuestro corazón y nos ayudan a
decirnos mutuamente la palabra difícil y comprometedora del perdón, gran camino
de paz. Nos ayudan a soñar un nuevo siglo sin guerras, respetuoso con los
pueblos, atento al medio ambiente y unido en su diversidad.
Entonces, ¡nunca más la guerra! ¡Que Dios conceda al mundo entero y a cada
hombre y a cada mujer el maravilloso don de la paz!
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El Papa envió un Mensaje de apoyo a la Declaración |