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MENSAJE DE LOS
OBISPOS DE LA COMISIÓN EPISCOPAL DE ECUMENISMO
A LAS COMUNIDADES
CRISTIANAS DE ESPAÑA
1. Primer Centenario
del Octavario de Oración por la unidad
Se cumplen
en 2008 cien años del Octavario de oración por la unidad de
los cristianos, desde que el P. Paul Wattson, cofundador de
la Sociedad de la Expiación (Society of the Atonement),
de Graymoor (Nueva York, Estados Unidos), diera comienzo a esta
semana anual de oración por la unidad visible de la Iglesia.
Desde entonces hasta el presente el camino ha cubierto etapas
felizmente superadas y ha vencido obstáculos que parecían
insalvables. Las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales se
han ido incorporando a esta larga marcha de plegarias y
oraciones por la recuperación de la unidad visible perdida de la
Iglesia, y la oración intensa y ferviente del Octavario es hoy
patrimonio de todas las confesiones cristianas.
2. Avances en la
reconstrucción de la unidad visible de la Iglesia
El
Movimiento ecuménico, que tiene su punto de partida en la
asamblea de Edimburgo en 1910 y condujo a la creación del
Consejo Ecuménico de las Iglesias en 1948, se vio ampliamente
enriquecido con la contribución propia del ecumenismo católico
desde los años sesenta del pasado siglo, gracias al gran impulso
que recibió del Vaticano II. Al lado del ecumenismo misionero
de Edimburgo surgieron otras corrientes, que aunaron esfuerzos
por la unidad mediante la anhelada convergencia doctrinal en la
fe común y en el testimonio de los cristianos en el mundo. El
ecumenismo teológico arroja al presente un notable avance, que
hemos de agradecer con humildad a la misericordia de Dios. Junto
al diálogo teológico el ecumenismo pastoral ha ayudado a
Iglesias y Comunidades eclesiales a aunar esfuerzos por un mejor
servicio al pueblo de Dios y una mejor articulación de la
presencia pública de la Iglesia en la sociedad contemporánea.
Todo ello está redundando en beneficio de la nueva
evangelización que las sociedades de nuestro tiempo esperan de
la Iglesia.
Fruto del
diálogo teológico entre las grandes confesiones cristianas es el
reciente documento de la Comisión mixta de Iglesia Católica y de
la Iglesia Ortodoxa «Comunión eclesial, conciliaridad y
autoridad», del pasado 13 de octubre de 2007, en el cual
católicos y ortodoxos han llegado a un primer principio de
acuerdo sobre el primado del Papa (“el primero de los Obispos”),
que necesitará todavía mucha reflexión antes de que se pueda
hablar de acuerdo pleno en un tema tan determinante para la
recomposición de la unidad visible de la Iglesia. Con todo, el
documento es un don del Señor a la Iglesia, que llega cuando se
cumple el primer aniversario del viaje de Benedicto XVI a la
sede de Constantinopla, del Patriarca Ecuménico.
Ya en el
campo más específicamente pastoral y del testimonio, la III
Asamblea Ecuménica Europea de Iglesias, celebrada en Sibiu (Rumanía),
del 4 al 9 de septiembre de 2007, ha constituido un notable
éxito ecuménico gracias a la labor de las dos grandes
plataformas eclesiales que han organizado la asamblea: el
Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y la
Conferencia de Iglesias de Europa (CIE). La primera agrupa a las
Conferencias episcopales católicas y la segunda a las Iglesias y
Comunidades eclesiales no católicas. Esta tercera asamblea
europea de Iglesias tuvo por lema “La luz de Cristo ilumina
a todos”. Celebrada después de las asambleas de Basilea
(1989) y Graz (1997), la convocatoria de Sibiu ha querido
proyectar la luz de Cristo sobre los pueblos y naciones de
Europa, que lentamente se alejan de la tradición cristiana. Se
trata de una preocupación por Europa que no quiere dejar de
tener muy en cuenta la situación global del mundo y la búsqueda
de Dios de las grandes religiones.
Haciéndonos
eco del mensaje de Sibiu, queremos recordar en primer lugar el
ánimo que la asamblea quiso dar a las Iglesias para proseguir el
diálogo teológico sin cansancio; y la invitación que hace al
ejercicio de la caridad recíproca y para con todos los hombres.
Caridad que es signo visible que las Iglesias dan al mundo del
amor de Dios. Este signo se expresará con eficacia grande si
todos los cristianos se manifiestan unánimes en la defensa de
los derechos humanos y en favor de la paz en el mundo. Una paz
que sólo llegará con la profunda transformación del corazón de
cada ser humano, obra de la gracia de Dios.
Animamos a
todos a ser testigos del amor de Cristo y a orientar este
testimonio particularmente en favor de la vida humana, amenazada
por las desgracias naturales, las graves enfermedades
contagiosas y aquellos males que son causados por el desorden
moral que genera el pecado, como la insolidaridad y la
injusticia social, la explotación sin escrúpulo de los seres
humanos, el terrorismo y las guerras. Una amenaza que se cierne
sobre la vida y que, en nuestros días, está adquiriendo una
gravedad no conocida por la práctica del aborto y el
infanticidio, la manipulación de la vida embrionaria y su
destrucción. La asamblea de Sibiu ha sido sensible a la urgencia
que han de sentir los cristianos de todas las confesiones en
defender unidos la dignidad del ser humano y la condición
sagrada de la vida.
Cuando los
cristianos dan unidos testimonio de Cristo se abre camino el
Evangelio predicado por la Iglesia y retrocede el grave mal de
nuestro tiempo que es el relativismo moral, que tanto contribuye
a apartar a las personas y las sociedades del camino abierto por
la predicación del Evangelio de Jesucristo. La norma de una vida
regida por los verdaderos valores evangélicos es la fidelidad a
los mandamientos de la ley divina y el seguimiento de Cristo por
la senda evangélica de las bienaventuranzas. La asamblea de
Sibiu ha querido, además, recordar a todas las Iglesias el
compromiso adquirido en Estrasburgo de aplicar la Carta
ecuménica para Europa, el fruto más palpable de la asamblea
de Graz. Si las Iglesias se proponen secundar con empeño este
compromiso, su testimonio será mucho más eficaz ante los
ciudadanos y las instituciones europeas. La aplicación de la
Carta pretende contribuir a que las relaciones entre las
Iglesias se asienten sobre la fe común en la Santa Trinidad, en
la obra redentora de Jesucristo Hijo de Dios y en la misión de
salvación confiada por Cristo a la Iglesia, y sin menoscabo de
la lealtad a la verdad tal como es percibida por cada una de las
Iglesias, lealtad que es camino seguro hacia un futuro
reconciliado. Al mismo tiempo, la Carta pretendía
sentar las bases para un diálogo interreligioso con el judaísmo
y el islam en la nueva situación de las sociedades europeas, sin
menoscabo también de la identidad de Europa históricamente
marcada por el cristianismo.
3. Un ecumenismo
espiritual alimentado por la oración constante de los cristianos
y de las Iglesias
El
ecumenismo, sin embargo, no podrá avanzar hacia su propio
objetivo si cada uno de los cristianos y todos en la comunión de
las Iglesias no unieran su plegaria a la de Cristo, el Mediador
único de todos los hombres, para implorar al Padre de las
misericordias la unidad visible de la Iglesia una y santa. Sin
la oración incesante se desdibuja y se pierde el camino hacia la
unidad visible. Hay un ecumenismo espiritual que ha contribuido
de modo decisivo al reencuentro de las Iglesias, y todos los
cristianos han de hacer cuanto esté de su mano para
fortalecerlo.
La oración
de cada cristiano y cada Iglesia es el alimento del avance hacia
la unidad visible. Fue este convencimiento el que inspiró la
introducción del Octavario por la unidad que, cien años después,
se ha convertido en una práctica puntual en cada mes de enero,
año tras año. No podemos olvidar que esta oración incesante y
sostenida ha salvado situaciones de dificultad cuando el
desaliento ha cundido en la marcha del ecumenismo. Durante su
celebración todas comunidades cristianas están llamadas a orar
por la unidad: las comunidades parroquiales y las de vida
consagrada, los movimientos y sectores pastorales de la vida de
la Iglesia. La oración interconfesional tiene un particular
sentido en esta semana grande de la unidad, y es preciso que se
realice respetando las orientaciones del Directorio
ecuménico sobre este modo de oración ecuménica. Para ello
se ofrecen a todos los materiales preparados conjuntamente por
el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los
cristianos y la Comisión de Fe y Constitución del Consejo
Ecuménico de las Iglesias. Aconsejamos utilizar estos
materiales, pero debidamente adaptados en cada caso según el
criterio pastoral de los párrocos y de los sacerdotes que
regentan la vida pastoral de las comunidades cristianas y las
casas religiosas, siguiendo siempre las orientaciones del Obispo
diocesano.
Al
ecumenismo espiritual han contribuido de manera particular las
conferencias y encuentros ecuménicos de las comunidades
monacales y religiosas que han sentido una llamada particular a
practicar esta vía de acercamiento entre los cristianos,
comprometiéndose generosamente en la común tarea de orar sin
cesar por la unidad de la Iglesia. Queremos hacer una mención
especial de este ecumenismo espiritual y confiamos a las
comunidades religiosas movidas por el carisma de la unidad a que
no cesen de orar para que se cumpla la voluntad de Cristo:
“Padre, que sean uno, como tú y yo somos uno, para que ellos
también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me
has enviado” (Jn 17,21).
A todos les
recordamos que la necesidad de orar sin desmayo es exhortación y
voluntad de Cristo, que a todos nos ha dado ejemplo supremo de
comunión con Dios su Padre en la oración que le sostenía en
fidelidad a su misión, uniendo su voluntad a la voluntad del
Padre. Así lo enseñó a sus discípulos entregándoles la oración
del Padrenuestro: “Hágase tu voluntad así en la
tierra como en el cielo” (Mt 6,10); y con aquellas
otras y definitivas palabras suyas con las que aceptó su pasión
y cruz: “Padre si es posible, pase de mí este cáliz, pero no
se haga mi voluntad sino la tuya” (Mc 14,36).
Hemos de suplicar del Señor de la Iglesia su unidad visible y
confiar a su bondad y providencia la inspiración para hacer en
cada momento aquello que convenga al reino de Dios y su
presencia en la Iglesia.
Al dirigir
este mensaje a las comunidades cristianas pensando en la próxima
celebración del Octavario de oración por la unidad, cuando se
cumplen sus cien años de tradición y vigencia, nos confiamos a
la Inmaculada Virgen María, figura de la Iglesia y Madre de la
esperanza, para que asista con su intercesión a todos los
cristianos y los sostenga en fidelidad al único Señor de la
Iglesia.
Madrid, a 8 de diciembre de 2007
Inmaculada Concepción de la Virgen María
Adolfo, Obispo
de Almería, Presidente
Santiago, Arzobispo de Mérida-Badajoz
José, Obispo de Tuy-Vigo
Román, Obispo de Vic |